Todas las empresas sueñan con que su contenido se propague por la red a la velocidad de la luz. Que llegue a millones de personas en cuestión de minutos, y que dicho impacto se traduzca en una respuesta positiva hacia la marca, como última responsable de dicha hazaña.

Para ello, no nos sirve con crear cualquier tipo de contenido. No basta solo con conseguir relevancia, sino que dicha repercusión ha de estar en consonancia con los objetivos de la empresa. De lo contrario, este tremendo impacto repercutiría realmente en la marca; quien incluso podría pasar desapercibida, eclipsada ante el gran atractivo del contenido, sin la necesidad de recalar en quién hay detrás de él.

Por tanto, la viralidad debe atender a una estrategia. Esto nos puede llevar a pensar que, si ya de por sí resulta complicado obtener repercusión para nuestro contenido, conseguir que sea viral, e impacte a nuestro público objetivo puede sonar casi imposible. Pero todo atiende a la lógica: la potencia sin control no tiene sentido. El contenido puede ser viral, además de útil para la empresa.

La viralidad no se puede medir únicamente en números, sino también atendiendo a otras variables, tanto o más importantes que la repercusión:

Engagement. Más allá del impacto inicial, el contenido ha de ser capaz de dejar huella, de generar una actitud positiva hacia el mensaje que transmite, y que ésta repercuta positivamente en la empresa. Asimismo, esta actitud positiva se puede traducir en una respuesta inmediata, que no solo se reduzca a la acción de compartir, sino que puede motivar a los usuarios a tomar parte activa de la acción, generando su propio contenido en consonancia.

Credibilidad. La empresa puede sacar sus valores a relucir, y sobredimensionarlos en contenido viral. Como ejemplo podemos destacar los vídeos del técnico de Blendtec, la empresa de robots de cocina, que saltó a la palestra a partir de sus vídeos, en los que literalmente trituraba iPhones. Cuesta olvidar la imagen de lo último en tecnología, hecho trizas bajo las cuchillas de este aparato doméstico de cocina, hasta reducirlos literalmente a polvo.

Confianza. Estas acciones sirven para demostrar la solvencia de la empresa y su saber hacer. Atributos altamente valorados por los clientes. Todo de un modo ameno, ilustrativo y convincente. A su vez, la repercusión de este tipo de acciones se traducen en recomendaciones boca a boca de las bondades de la marca, y cómo se ilustran en sus últimas hazañas.

Ventas. El contenido viral ha de ser capaz de llevar a los usuarios hasta el último eslabón de la cadena. Esto es, hasta la venta. A la hora de tomar sus decisiones de compra, los usuarios recurren al medio online en busca de información, recomendaciones y sugerencias para comprar. Aquí entra en juego la repercusión de una viralidad bien orquestada.

Por último, reseñar que, una vez conseguida la notoriedad deseada, el siguiente paso es trabajar para mantener las expectativas creadas por el público. Ello no implica que nuestra próxima acción obtenga la misma repercusión, pero sí que esté en consonancia con los valores transmitidos en primera instancia, que no sea un hecho aislado, a partir del cual volver a la rutina y monotonía que caracterizaba a la empresa hasta este acontecimiento, como si nada hubiera pasado. Esto solo provocaría la decepción del público que había conseguido atraer, seguido de un irremediable olvido.

Fuente: puromarketing